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Tripa y mente Por Maria Otworowska, PhD 9 min de lectura

Estrés, intestino y alimentos fermentados

El estrés y los problemas de tripa se alimentan entre sí por una conexión de ida y vuelta entre el intestino y el cerebro. Repasamos lo que se sabe de esa conexión y los cambios en la comida de cada día que pueden ayudar a cortar el círculo.

Estrés, prisas y barriga hinchada: lo que la ansiedad le hace a la tripa y qué ayuda

Conoces el círculo aunque nunca le hayas puesto nombre. El trabajo no da tregua, las noticias todavía menos, y vas tirando a base de café y de lo que pillas entre reunión y reunión, casi siempre algo envasado o comida para llevar, muchas veces con la palabra «proteína» en la etiqueta. Por la noche la tripa va regular, tú también, y el estrés del día se te ha metido en el cuerpo sin saber muy bien cómo. Y a la mañana siguiente, vuelta a empezar.

Mucha gente con trabajos exigentes vive alguna versión de esto, y es fácil ver la ansiedad y los problemas de tripa como dos cosas aparte. Los une una conexión biológica real y muy estudiada, y entenderla es el primer paso para cortar el círculo.

La tripa y el cerebro se pasan el día al teléfono

La tripa y el cerebro están en conversación constante, en los dos sentidos, por un canal que se llama eje intestino-cerebro. Por él viajan mensajes por varias vías: el sistema inmunitario, las hormonas, las sustancias que fabrican las bacterias intestinales y el nervio vago, que es como un cable directo entre el cerebro y la tripa.

Cuando hay estrés, lo que más pesa es el sistema del cortisol, la hormona del estrés. Bajo presión, el cerebro pone en marcha una cadena de señales que acaba en cortisol, y el cortisol te pone a mil. También cambia cómo funciona la tripa: afecta a la digestión, a la actividad del sistema inmunitario en la pared del intestino y a lo «permeable» o cerrada que está esa pared.

Y lo que cierra el círculo es que el tráfico va en los dos sentidos. El estrés cambia las bacterias intestinales, y esas bacterias influyen, a su vez, en lo fuerte que reaccionas al estrés. Los experimentos con animales lo respaldan. En ratones libres de gérmenes, criados sin ninguna bacteria intestinal, la respuesta al estrés se dispara, y vuelve a calmarse cuando se les añaden bacterias concretas. En otro experimento, pasaron bacterias intestinales de personas con el ánimo bajo a unos animales, y estos empezaron a mostrar conductas parecidas a la ansiedad. Los microbios llevaban parte del mensaje.

El estrés y la tripa se retroalimentanEl estrés le descoloca la tripa a cualquiera, y una tripa descolocada acaba pasándole factura al ánimo. Comer a la carrera empuja hacia el mismo lado.
  1. Estrés y ansiedad
  2. Sube el cortisolLa pared intestinal se vuelve más permeable
  3. Menos Fans de la fibraMenos butirato, el combustible del que vive la pared intestinal
  4. Inflamación leve y constante
  5. Baja el ánimoCuesta más llevar el estrés, y vuelta a empezar

Las comidas con prisas, ultraprocesadas y cargadas de proteína empujan el círculo hacia el mismo lado

Fuentes: Sudo 2004; Kelly 2016; Galley 2014

Así que ese círculo vicioso que notas tiene una base biológica real. El estrés empuja a la microbiota, los microbios que viven en la tripa, hacia donde no conviene, esa microbiota alterada repercute en el ánimo, y comer con prisas la empuja todavía más en la misma dirección. Algunas cosas que el estrés le hace a la tripa, y bastante rápido: un par de horas de estrés agudo pueden hacer bajar los Lactobacillus, unas bacterias amigas; el estrés crónico reduce la diversidad de la microbiota en general; y el estrés que se alarga se asocia a una pared intestinal más permeable y a menos bacterias de las que fabrican el combustible más importante para reparar la tripa.

El estrés no se queda solo en la tripa, y por muchos pepinillos que comas, el trabajo va a seguir igual. Pero la tripa es una de las piezas del sistema y, a diferencia del correo del trabajo, está en tu mano.

Por qué la salud intestinal no cabe en un solo número

La mayoría de las apps y etiquetas tratan la tripa como si tuviera un solo indicador: bacterias buenas arriba, malas abajo, y aquí tienes tu nota. Queda muy ordenado, pero esconde justo lo que puedes cambiar. La tripa es un ecosistema y, como cualquier ecosistema, tiene varias propiedades que van cada una por su lado. En una misma selva, una zona puede rebosar de vida mientras otra va de capa caída.

Por eso, en vez de darte una nota, miramos la alimentación en varias dimensiones. A partir de lo que comes, estimamos a qué microbios intestinales estás alimentando, y cada estimación apunta a algo concreto que puedes hacer. Algunas retratan casi punto por punto lo que pasa cuando vives con estrés y comes con prisas.

Seis cosas que mueve lo que comes, y todas están en tu manoUn patrón típico de una alimentación con estrés y prisas, en seis dimensiones que estimamos a partir de lo que comes. Es una ilustración hecha a partir de la investigación.
  • Juega a favor: con estrés y prisas, baja
  • Juega en contra: con estrés y prisas, sube
  • Fans de la fibrabajaFabrican el butirato del que vive la pared intestinal
  • Alimentos fermentadosbajaMicrobios vivos del yogur, el kéfir o el kimchi
  • Variedad vegetalbajaCuántos alimentos vegetales distintos comes
  • Bacterias que fabrican irritantessubeSe multiplican con la comida procesada y la grasa animal
  • Comida ultraprocesadasubeEmulsionantes y otros aditivos
  • Mucha carne, poca fibrasubeLas bacterias fermentan proteína donde debería haber fibra

Cuanto más larga la barra, más empuja una alimentación con estrés y prisas hacia el lado malo. Datos ilustrativos.

La dimensión más importante es la de las bacterias que se alimentan de fibra, que forman buena parte de una microbiota sana. Fabrican un ácido graso de cadena corta llamado butirato, el combustible principal de las células que recubren el colon. El butirato ayuda a que la pared del colon siga bien cerrada y a que el sistema inmunitario no reaccione de más. El estrés crónico y comer a la carrera con poca fibra hacen bajar justo estas bacterias, y la pared se vuelve más permeable. En las personas con problemas de tripa que vienen de lejos aparecen menos de estas bacterias, y esos mismos grupos beneficiosos suelen escasear también en quienes andan con el ánimo bajo.

Al otro lado están las bacterias que se multiplican con la comida procesada y la grasa animal. Algunas producen señales de inflamación, y otras van deshaciendo la capa de moco que protege el intestino. Si comes menos fibra y más de esos alimentos, la balanza se inclina hacia más sustancias irritantes. Y, por el eje intestino-cerebro, ese patrón se ha relacionado con el estado de ánimo.

Otras dos dimensiones tienen que ver directamente con comer a la carrera. La primera es comer mucha carne y poca fibra: cuando a las bacterias les toca fermentar proteína en lugar de fibra, fabrican residuos irritantes. La segunda es la comida ultraprocesada, incluidos los emulsionantes, unos aditivos que mantienen unidas el agua y la grasa y que, según se ha visto, alteran la pared del intestino. Vivir de barritas de proteínas y comida para llevar empuja las dos en la dirección equivocada a la vez.

Y hay otra dimensión en la que puedes influir más directamente que en ninguna: los fermentos vivos del yogur, el kéfir, el chucrut, el kimchi, la kombucha y otros fermentados. Es especial porque aquí la «intervención» es la propia comida: los microorganismos vivos llegan a la tripa con lo que comes, y eso depende casi por completo de ti.

Separar las piezas ayuda a pasar a la acción. Una sola nota te dice que «lo estás haciendo mal» sin darte ni una pista de qué hacer. Las dimensiones te dicen qué tecla tocar esta semana.

Cómo romper el círculo

La buena noticia es que la microbiota responde rápido, a veces en cuestión de días, y lo que la mueve es comida normal y corriente.

Los fermentados se han ganado su fama, con un pero. Un ensayo de Stanford puso a un grupo de personas a comer seis raciones al día de alimentos fermentados durante diez semanas. El resultado sorprendió hasta a los investigadores: la diversidad de la microbiota subió y bajaron diecinueve marcadores de inflamación, un efecto antiinflamatorio más fuerte que el de comer más fibra sin más. El pero es que fue un solo estudio, pequeño, que solo miró marcadores de laboratorio durante diez semanas. Todavía no se sabe qué pasa a largo plazo, así que tómalo como una primera señal potente. Eso sí, los fermentados son baratos, seguros y están ricos, así que añadirlos a lo que comes es fácil y tiene poco riesgo.

Lo que hicieron diez semanas de fermentadosUn solo ensayo, pequeño y corto: los fermentados subieron la diversidad de la microbiota y bajaron 19 marcadores de inflamación, más de lo que consiguió comer más fibra. Una primera señal potente que todavía tienen que confirmar estudios más grandes.
Diversidad de la microbiota
Dieta con fermentados subió
Dieta rica en fibra sin cambios
Marcadores de inflamación
Dieta con fermentados bajaron 19
Dieta rica en fibra sin cambios claros

Ensayo aleatorizado de Stanford, 36 personas (Wastyk et al. 2021)

Alimenta la base. Los fermentados siembran la tripa de bacterias; la fibra y la variedad de alimentos vegetales hacen crecer y mantienen a las bacterias que fabrican butirato. Cuenta más comer muchos alimentos vegetales distintos que mucho de uno solo. En una semana de locos, lo realista es tirar de alimentos poco procesados cuando puedas y añadir a lo que ya comes una o dos cosas de origen vegetal.

Afloja con los ultraprocesados. El hallazgo más útil aquí es casi aburrido: cuando las bacterias tienen fibra que fermentar, producen muchos menos de esos residuos irritantes que sacan de la proteína y la grasa. Sigue comiendo proteína y procura que la comida preparada con poca fibra no lo desplace todo. Incluso un par de semanas con menos procesados cargados de emulsionantes se ha relacionado con mejoras medibles en los marcadores intestinales.

Cuidar el estrés también es cuidar la tripa. Como la conexión va en los dos sentidos, dormir, moverte y hacer pausas de verdad actúan sobre el mismo sistema desde el otro extremo. Bajar el estrés le sienta bien a la tripa, y una tripa más tranquila te ayuda a llevar mejor el estrés.

Hasta dónde llega lo que sabemos

Sería fácil venderlo como más de lo que es, y muchos productos lo hacen. Casi toda la evidencia sobre el mecanismo viene de estudios con animales, en los que se pueden hacer experimentos imposibles en personas. La evidencia en humanos existe, pero es más reciente y sus resultados no siempre se repiten. Una cepa probiótica, un tipo concreto de microorganismo vivo, redujo la ansiedad de maravilla en ratones y luego no hizo nada en un ensayo con personas. Algunas cepas sí tienen efectos reales en humanos: una cepa de Bifidobacterium bajó el cortisol y la ansiedad que decían sentir los participantes en un ensayo controlado. Del «funcionó en un ratón» al «te va a funcionar a ti» hay un buen trecho.

¿En qué quedamos, entonces? La salud intestinal influye en cómo llevas el estrés y en cómo te encuentras. Los cambios en la comida tienen poco riesgo y vale la pena probarlos. Tómalos como una ayuda para sobrellevar mejor el día a día. Si el estrés te va desgastando semana tras semana, la comida es una parte del apoyo que necesitas, junto con el descanso y la gente que tienes cerca.

En eso consiste mirar la alimentación por dimensiones: varias estimaciones a partir de lo que comes, cada una ligada a lo que se sabe y a lo que puedes hacer. Una vida exigente suele quitarles a las bacterias de la tripa la fibra que necesitan, inclinar la alimentación hacia más sustancias irritantes y dejar poco hueco para los fermentados. Ver qué tecla puedes tocar tú convierte «tengo la tripa fatal y no sé por qué» en algo que puedes empezar a cambiar mañana.


Este artículo ofrece orientación general sobre alimentación. La ciencia que estudia la conexión entre intestino y cerebro está muy viva y sigue cambiando; lo que contamos se basa en estudios de cohortes publicados, ensayos aleatorizados e investigación sobre mecanismos, y en el texto indicamos lo sólida que es cada evidencia.

MO
Escrito por

Maria Otworowska, PhD

Cofundadora de Bliss Labs

Doctora en ciencia cognitiva computacional e inteligencia artificial. Cofundó Bliss Labs, el estudio que hay detrás de Gut Twin, y creó Skin Bliss, una app con más de 3 millones de instalaciones registradas.

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